¡Es viernes y el cuerpo lo sabe!
Erika Torreblanca Rojas
Invierno. Parte 2
Es viernes y el cuerpo lo sabe… Sabe que después de leer mi primera entrega, algo cambió en tu forma de verte. O eso espero. O entraste en modo negación. Sería algo que yo haría. De hecho, fue algo que yo hice. Pero si quieres leer un poco más, te invito a que te quedes. La vas a pasar bien.
¿En qué nos quedamos? Ya, en que cáncer y muerte son palabras prohibidas. Creo firmemente que cada quien puede pasar por sus enfermedades como quiera.
En mi caso, decidí que haría todo lo posible para enfrentarlo y salir adelante. Tengo 43 años, dos peques, una perra, una familia hermosa. “Lo que quiero, es ver crecer esta vida”. Mi optimismo meloso me ayudó a pensar en disfrutar cada segundo.
Tengo años de que entendí que no tenemos la vida segura. Justo dos meses antes, un borracho fue a estrellarse contra mi carro estacionado. Justo acabábamos de bajarnos de él. ¿Qué probabilidades habían de que alguien perdiera el control un sábado por la tarde y terminara contra mi carro? ¿Y si hubiéramos estado arriba? ¿Y si me lo hubiera encontrado de frente? ¿Y si…?
Te puede interesar: ¡Es viernes y el cuerpo lo sabe!
Cuando recibes un diagnóstico del que no conoces muy bien, el miedo llega igual que las preguntas: ¿Por qué? ¿Qué hice mal? Porque por supuesto, una quiere respuestas.
“Vivir es la causa principal de tener cáncer”, me lo dijo un médico. “Así que no eres culpable de nada, no busques explicaciones mágicas, no te castigues…”.
¿Qué seguía? Buscar especialistas: por el tipo de cáncer, acudir a un cirujano era la mejor opción. Y aquí entra lo más complicado: tomar decisiones, escuchar y no escuchar.
Porque sí: existen muchas personas que se acercan con la mejor intención de su mundo, pero en numerosas ocasiones, las recomendaciones no siempre son las mejores. Incluso a nivel emocional.
Es momento de ponerse un poco caprichosa y seguir las indicaciones médicas. Las hierbas, oraciones, suplementos se recibieron de todo corazón, pero fui estricta con lo que se me pedía por parte de los doctores: dieta, preparación mental, tranquilidad.
No fue fácil, sí arreglé papeles, lo indispensable del trabajo, hablé con mis hijos, con mi hermano quien sería el administrador de mis contraseñas y aplicaciones, entré a cirugía justo en el equinoccio de invierno.
Fue una cirugía larga, compleja. El panorama estaba peor de lo previsto. Salí sin voz. Otro miedo. Empezó la recuperación. Creo que entendí poco la magnitud de lo que me había pasado y a la vez estaba sumamente asustada.
Muchas veces lloré de coraje por no haberme dado cuenta de lo que sucedía en mi cuerpo. Me invadía la sensación de “pude haberlo evitado” “¿Por qué no me di cuenta antes?” “¿Cómo va a cambiar mi vida?”.
Vivo de mi voz. Hace poco me regalé una chamarra con un micrófono porque soy una apasionada de hablar ¿Cómo le haría ahora? Nuevamente buscar especialista. Eso que dicen que es más caro enfermarte que prevenir, resultó ser cierto.
Porque déjenme contarles que nuestro sistema público de salud nos sale debiendo y mucho entre los tiempos de atención, los espacios, el papeleo…
Si bien es cierto que aproveché a descansar, en cuestión de salud no todo es cuestión de esperar o tener paciencia. También lo he aprendido. ¿Cuántas veces has creído que con tomar un baño relajante y dormir se te va a quitar el malestar?
Sí señoras, el amor propio sí sana, pero no cura enfermedades reales. Amor propio es acudir a las citas médicas por muy incómodas que sean. No todo lo que nos sucede es estrés.
Hay una larga lista de enfermedades que suelen ser más fuertes en las mujeres que en los hombres. El cáncer de tiroides es una de ellas.

Hoy llevo mes y medio de la operación y todavía me falta un tratamiento para terminar este proceso. Vienen revisiones, tratamientos, dieta, medicamentos de por vida.
Te puede interesar: La lectura como actividad placentera y no como una competencia
Es imposible no detenerse un poco a reflexionar sobre la vida. Dar prioridad a nuestras cosas, personas y momentos que decidimos vivir.
Me han dicho que la actitud cuenta mucho y me siento sumamente privilegiada porque puedo contar con el círculo de apoyo necesario para tener buena actitud. Sin embargo, no puedo evitar pensar que no todo el mundo cuenta con eso.
Hay personas cuyas opciones no les permiten tener un gran ánimo o pensamiento optimista.
De ahí la importancia de hacer conciencia como sociedad. Dejar de replicar un sistema fallido donde las mujeres generalmente sostenemos calladas, haciendo mil cosas a la vez, bonitas, en tacones… Y todavía creyendo que eso es un logro…
La historia nos debe mucho. La realidad nos debe mucho. Para empezar, nos debe la garantía de nuestra integridad. ¿Hace cuánto no te realizas un chequeo?






Deja un comentario