«No daremos el agua que no tenemos»: La ambigua frase de Sheinbaum ante el conflicto hídrico con EE.UU. que preocupa al norte en plena sequía. ¿Defensa real o retórica?

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Por Elizabeth Legarreta

La reciente declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum en torno al cada vez más tenso conflicto hídrico con EE.UU. es una obra maestra de la ambigüedad política diseñada para navegar en tiempos de crisis. Con el norte del país seco, los agricultores al borde del colapso y Washington presionando insistentemente por el cumplimiento de las entregas pactadas en el Tratado de Aguas de 1944, la mandataria soltó una frase que parece un escudo retórico impenetrable: «No se va a entregar el agua que no se tiene».

A primera vista, esta postura suena a una defensa férrea de la soberanía nacional frente a las presiones externas. Aplausos de la grada y titulares celebratorios en la prensa oficialista. Pero si analizamos con lupa esta declaración frente al complejo conflicto hídrico con EE.UU., la frase encierra una trampa lógica y política que debería preocuparnos a todas. Porque si la defensa se basa únicamente en la escasez actual… ¿qué pasará cuando llueva un poco y las presas recuperen un nivel mínimo? ¿La poca agua que tengamos, aunque nos haga falta vital a nosotros para la supervivencia y la producción de alimentos, sí se va a entregar entonces?

El contexto del conflicto hídrico con EE.UU.: Un tratado viejo para una nueva realidad climática

Para entender la gravedad del asunto, hay que ir al origen. El Tratado de Aguas de 1944 estipula que México debe entregar a Estados Unidos una cuota anual de agua del Río Bravo (principalmente de sus afluentes en Chihuahua), a cambio de que EE.UU. entregue agua del Río Colorado a la zona de Baja California y Sonora. El problema es que este tratado se firmó en una época donde la crisis climática no era una amenaza existencial y los patrones de lluvia eran más predecibles. Hoy, ese acuerdo se siente como una camisa de fuerza.

México arrastra un déficit en sus entregas, y cada ciclo quinquenal el conflicto hídrico con EE.UU. se reaviva. Pero la situación actual es crítica. Estados fronterizos como Chihuahua y Tamaulipas enfrentan niveles históricos de estrés hídrico y sequía extrema. Las principales presas internacionales, como La Boquilla, se encuentran en niveles alarmantemente bajos.

El malabarismo verbal ante la sed

En este escenario, los agricultores locales han advertido hasta el cansancio que abrir las compuertas para pagar la deuda hídrica con el vecino del norte significaría la quiebra inminente de miles de productores mexicanos y pondría en riesgo incluso el abasto para el consumo humano en varias ciudades.

Ante esta presión cruzada, la frase de Sheinbaum sobre el conflicto hídrico con EE.UU. navega en una zona gris calculada. Busca un equilibrio político imposible: calmar las aguas internas (mostrándose firme y nacionalista ante el electorado) sin romper la relación diplomática con el poderoso vecino del norte. Es un «sí, pero no, pero depende del clima».

El peligro central en este conflicto hídrico con EE.UU. radica en quién define qué es «tener agua». Para un burócrata en una oficina con aire acondicionado en la CDMX, una presa al 30% de su capacidad podría significar que técnicamente «sí hay agua» disponible para enviar y cumplir el compromiso internacional. Para el agricultor que ve morir sus cultivos bajo el sol abrasador, esa misma presa está vacía en términos prácticos de supervivencia.

¿Soberanía de saliva o defensa real ante la crisis?

Esta retórica no es nueva en la historia reciente de México. Ya vimos cómo escalaron los conflictos violentos por el agua en 2020 bajo una tensión similar durante el gobierno anterior, con enfrentamientos directos entre productores y la Guardia Nacional. La frase actual de Sheinbaum preocupa porque, al decir que «no se dará lo que no se tiene», implícitamente se acepta que el Tratado se debe cumplir en cuanto las condiciones mínimas lo permitan, aunque eso signifique sacrificar a los productores locales y la seguridad hídrica nacional en el corto plazo.

Claridad ante la sed

En medio de una crisis climática global que vuelve las sequías más frecuentes y severas, México no puede darse el lujo de jugar a los acertijos con su recurso más vital. La definición final de la postura del gobierno ante el conflicto hídrico con EE.UU. debe ser clara y contundente: la prioridad absoluta debe ser el consumo humano y la seguridad alimentaria de los mexicanos, por encima de cualquier tratado obsoleto. Necesitamos saber si la defensa del agua será real y sostenida, o si es solo una pausa retórica mientras esperamos que llueva para volver a abrir la llave hacia el norte.


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