💥Informe urgente sobre las protestas nacionales en Irán Las protestas masivas en Irán han vuelto a extenderse por todas las provincias del país. Aunque algunos analistas político-sociales dentro de Irán esperaban un nuevo estallido de estas protestas en verano, la situación de guerra y la condición “excepcional” que el gobierno de la República Islámica intentó…


💥Informe urgente sobre las protestas nacionales en Irán

Las protestas masivas en Irán han vuelto a extenderse por todas las provincias del país. Aunque algunos analistas político-sociales dentro de Irán esperaban un nuevo estallido de estas protestas en verano, la situación de guerra y la condición “excepcional” que el gobierno de la República Islámica intentó prolongar militarizando las calles habían retrasado su aparición. El inicio de las protestas se dio con la huelga de sectores del bazar de Teherán, pero rápidamente se extendió a otros ámbitos de la sociedad y a otras ciudades del país. La huelga de los comerciantes se produjo debido a la inestabilidad de las divisas y a el aumento descontrolado del tipo de cambio; mientras tanto, los analistas económicos coincidían en que la falta de control del tipo de cambio por parte del Estado y su incremento se realizaron de manera deliberada para compensar el déficit presupuestario. El gobierno, como el mayor vendedor monopolístico de divisas en Irán, robó abiertamente del bolsillo de la gente para cubrir su déficit.

En los inicios de las protestas se escucharon consignas de apoyo a Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán, en algunos de los videos difundidos. Sin embargo, tras verificaciones técnicas realizadas por medios profesionales e independientes, se determinó que parte de esos videos habían sido redoblados. Aunque el hijo del antiguo sha cuenta con seguidores en Irán, a lo largo de las protestas nacionales de los últimos ocho años diversos grupos políticos y fuerzas sociales han coreado consignas plurales; esta vez, sin embargo, la política de representación mediática se centró sobre todo en reflejar una sola voz como supuesta alternativa deseada. En cualquier caso, con la expansión de las protestas en universidades y otras ciudades, comenzaron a escucharse consignas más diversas desde el interior de las manifestaciones, incluidas aquellas que rechazaban tanto a la República Islámica como a la monarquía Pahlaví, aunque esto no fue cubierto por los grandes medios de la oposición iraní.

Al mismo tiempo, la intervención de Trump en relación con las protestas y el planteamiento de la posibilidad de un ataque contra Irán amplificaron en los medios la voz de la oposición alineada con Estados Unidos, organizada en torno a Reza Pahlavi. Esto provocó que fuerzas sociales contrarias al régimen de la República Islámica —como las naciones oprimidas, la mayoría de los grupos feministas y los sindicatos y gremios obreros, que durante los últimos ocho años habían tenido una participación decisiva en las protestas masivas— se sumaran con mayor lentitud y con más dudas, ya que el temor a una intervención extranjera y a la reproducción de un despotismo interno les parecía serio y real. Por otro lado, el régimen de la República Islámica, al mismo tiempo que se expandían las protestas, comenzó la matanza de manifestantes: en el transcurso de diez días atacó dos veces dos hospitales donde se encontraban internados manifestantes heridos, y en distintas ciudades incluso se negó en algunos casos a entregar los cuerpos de los manifestantes muertos. Este proceso incrementó día a día la ira popular.

Tras una semana de protestas, las organizaciones políticas kurdas llamaron a la huelga; las organizaciones políticas baluches también convocaron a participar en las manifestaciones, y las ciudades árabes y turcas de Irán se sumaron a las protestas. Es decir, la geografía periférica y, al mismo tiempo, sometida a opresión nacional, pese al riesgo de reproducir un despotismo central, se incorporó a las protestas al finalizar la primera semana. En varias ciudades, la población logró durante horas dominar a la policía y tomar el control de la ciudad. En distintos lugares, los manifestantes tomaron o incendiaron importantes instituciones estatales, entre ellas gobernaciones, bases de la Guardia Revolucionaria y de la milicia Basij, así como la radiotelevisión estatal.

En ese contexto, el hijo del antiguo sha de Irán convocó a una manifestación; una convocatoria que fue emitida después de que las protestas se hubieran extendido a todas las provincias del país. Sin embargo, las protestas siguieron su propio crecimiento natural. Finalmente, el régimen cortó completamente internet en todo Irán para impedir que los manifestantes se conectaran entre sí y para facilitar su represión. Pero la gente permaneció en las calles y continuó avanzando. Según cifras fiables publicadas incluso por Time, solo en Teherán y únicamente en seis hospitales de la ciudad hubo 217 muertos; el régimen de la República Islámica demostró que no tiene intención de detener sus crímenes ni por un instante.

Por otro lado, la última declaración de Trump sobre los manifestantes asesinados en Irán fue que habían salido a las calles “como un rebaño” y que, debido a la multitud, habían sido aplastados bajo los pies de otros. El supuesto salvador de la oposición dependiente de Irán humilló así a personas que arriesgaban la vida en las calles del país. Sin embargo, el pueblo iraní, libre, digno e intrépido, avanza frente a las balas y prefiere la muerte a estas condiciones, porque exige la libertad, el pan y la dignidad que le han sido robados.

No está claro qué ocurrirá: no se sabe si el régimen logrará, aunque sea temporalmente, silenciar las protestas mediante la represión; si se producirá un golpe militar negociado con potencias extranjeras; si las intervenciones externas volverán a reproducir el despotismo en Irán para que el petróleo y los recursos de este pueblo continúen siendo saqueados, como durante los últimos cien años, por ocupantes internos y externos bajo la porra y la bota; o si esta vez el pueblo podrá vencer a los saqueadores autoritarios mediante una unidad interna y avanzar hacia una situación más democrática y justa. Nada es seguro, incluido el destino de los manifestantes en Irán.

El último mensaje que recibí desde Irán decía:
«Están disparando intensamente, la gente grita “sinvergüenzas, sinvergüenzas”, es extraño, se huele la pólvora».
Después de eso, internet en Irán se apagó.

10 de enero de 2026


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