Reyes Magos y represión: El Estado criminaliza la supervivencia mientras celebra la «magia» del consumo
Por Elizabeth Legarreta
Cada 5 de enero, el Estado mexicano despliega una de sus coreografías más cínicas y violentas. Por un lado, las cuentas oficiales de los tres niveles de gobierno se llenan de mensajes edulcorados sobre la «ilusión» de las infancias. Por el otro, en las principales ciudades del país, el brazo armado del Estado se encarga de que esa ilusión solo sea válida si cuenta con un código de barras. Este 2026 no es la excepción: solo en la capital del país, la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) ha desplegado a casi 15 mil policías en el operativo «Día de Reyes», una cifra que se replica proporcionalmente en las zonas metropolitanas de todo México.
Bajo la narrativa de «salvaguardar la integridad de los Reyes Magos», lo que presenciamos en los centros históricos y zonas comerciales es una vigilancia punitiva que redobla esfuerzos en estaciones de transporte masivo y zonas de alta movilidad. Sin embargo, este despliegue no solo busca inhibir el delito (funciona como una barrera de contención contra quienes intentan vender juguetes en la vía pública). Es el Estado actuando como guardia de seguridad privada del sector empresarial organizado.
El «orden público» como eufemismo de la guerra de clase
El argumento gubernamental siempre se refugia en la misma narrativa: se trata de «recuperar el espacio público» y garantizar el libre tránsito. Sin embargo (bajo esta retórica administrativa) se esconde una guerra de clase. El Estado no busca orden, busca proteger los márgenes de ganancia de las cámaras de comercio que exigen la eliminación de la competencia callejera en su temporada de mayor rentabilidad.
La realidad es que en México la economía informal no es una elección marginal, sino una balsa de rescate estructural. Según los datos más recientes del INEGI sobre ocupación y empleo, más de 32 millones de personas operan en la informalidad, lo que representa más del 54% de la población ocupada. Cuando la policía ejecuta el decomiso de mercancía, no está aplicando la ley en un sentido de justicia social (está ejerciendo violencia económica contra el sector que el propio sistema ha expulsado del mercado laboral formal). La «magia de los reyes» termina donde empieza el interés de los grandes capitales.
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Género y precariedad: La bota contra la manta
No es casualidad que la inmensa mayoría de las víctimas de estos operativos sean mujeres. En un país donde la feminización de la pobreza es una realidad estadística, el comercio ambulante es la única salida para millones de madres que sostienen la economía de cuidados sin redes de apoyo estatal. Para muchas vendedoras, la jornada del 5 de enero es el evento que determina si se pagan rentas o se cubren necesidades básicas de salud.
Ver a pelotones de policías (frecuentemente equipados con equipo antimotines) rodeando a mujeres que defienden una manta llena de juguetes baratos es la imagen más cruda del patriarcado estatal. El Estado (que se declara incapaz de frenar la violencia feminicida o de garantizar salarios dignos) se muestra sumamente eficiente cuando se trata de usar la fuerza contra una vendedora de pelotas y muñecas. Es la demostración de que la «ley y el orden» solo se aplican con rigor contra quienes están en la base de la pirámide económica.
El consumo como privilegio vigilado
El sistema está diseñado para que el acto de dar un regalo sea un privilegio mediado por el ticket de compra de una transnacional o una tienda de autoservicio. Al decomisar la mercancía ambulante, el Estado le comunica a las familias de las periferias que sus hijos no tienen derecho a la magia si esta no genera impuestos o utilidades para las empresas que son prioridad en los operativos de seguridad nacional.
La calle (históricamente el lugar de intercambio y comunidad) se convierte en un campo de batalla donde la policía actúa como el filtro de pureza del capital, castigando la pobreza en nombre de la estética urbana y el flujo de efectivo hacia las cuentas bancarias de las élites comerciales.
La verdadera delincuencia es la omisión estatal
Si vamos a hablar de ilegalidad este 5 de enero, dejemos de mirar a las vendedoras que ocupan la banqueta. La verdadera delincuencia es un Estado que no ofrece condiciones de vida dignas ni seguridad social, y que luego utiliza a miles de elementos para vigilar que la pobreza no «manche» las zonas comerciales. La verdadera violencia es que el gobierno use recursos públicos para financiar los operativos que hoy dejan a cientos de mujeres sin mercancía y con deudas impagables.
Este Día de Reyes 2026, mientras los políticos presumen sus festivales de Reyes en redes sociales, en las banquetas de nuestras ciudades queda el rastro de la mercancía pisoteada de quienes solo querían vender un poco de alegría para comprar el pan de mañana.
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