Priscilla: La historia real que nos muestra los peligros de ser fans de un artista.
Pao Stump

Las historias de Wattpad, nos muestran una inevitable verdad: Las adolescentes harían lo que fuera para estar con sus ídolos (cantantes, actores, músicos, influencers). Hasta cierto punto es normal y parte del desarrollo, tomar a un sujeto random, idealizarlo, desearlo y atribuirle todas las cualidades y características que esperamos que una persona de nuestro entorno tenga. Afortunadamente, casi nadie llega a conocer a esos ídolos de aquella etapa, los años pasan y aquellos pósters que lucían colgados en la pared se destiñen por el sol y por nuestra capacidad de ver que aquello sólo fue un sueño de juventud.
Cuando hablamos de Priscilla es inevitable ligarla a su apellido de casada, el “Presley” que marcó la vida de tantas personas con su música pero que a ella la marcó a nivel personal.
Hace poco, en 2022, Baz Luhrmann nos trajo su versión sobre la vida de Elvis Presley, mostrándolo como un sujeto “demasiado” bueno, víctima de sus circunstancias, un mártir de la nueva era, atrapado en un hotel de las Vegas, abandonado por su esposa y cuyo único consuelo fueron los sándwiches de tocino con mermelada y crema de cacahuate y unas eventuales pastillas suministradas por su manager para poder rendir mejor en los conciertos.

Pero lo que nos interesa es que en 2023 se estrenó la película “Priscilla” dirigida por Sofía Coppola. Basada en el libro homónimo escrito por Priscilla Presley en el que cuenta la verdad sobre haber sido la adolescente más “afortunada” por haberse casado con su ídolo e ídolo de tantos.
La película contiene los elementos característicos de Sofia Coppola como directora. Diálogos escasos pero significativos que nos permiten saber y conocer a los personajes, en un escaneo psicológico aparentemente sutil, pero profundo en realidad, similar a lo que hacía Jane Austen en sus libros, describe al personaje sin hablar directamente de él.
Quizá te interese: Test de Bechdel y la oscura cortina que cubre a los personajes femeninos: un mal que sigue aquejando al cine actual
El entorno, la ambientación, los elementos de cada escena son también piezas del rompecabezas de la narrativa.
La cámara y los encuadres son también un elemento determinante para contar la historia, en este caso, las tomas cerradas así como los fondos absurdamente desenfocados que acompañan esa sensación de que Priscilla vive en una bella y onírica burbuja de ignorancia.

Sin pretensiones de atribuir valores al personaje principal, ella sólo luce y actúa como lo que es: Una adolescente, una niña de 13 años que fue manipulada (o groomeada, como dice la chaviza) por un sujeto 10 años mayor, que para su desgracia, no era sólo un sujeto mayor con las habilidades sociales y vivencias de alguien de veintitantos años, era también el artista más importante del momento, su cantante favorito, alguien a quien había idealizado tras escuchar su pastosa voz en aquellos discos de vinilo, a quien había imaginado como el mayor galán tras verlo actuar en aquellas películas malas con buenas canciones.
La película no es irrespetuosa con la figura “legendaria” de Elvis, como algunos la tacharon en su momento, sólo es una visión más completa de un ser humano embriagado de poder y fama. Una especie de Sultán moderno con el cabello engominado que vivía rodeado de amistades que nunca le darían un “no” por respuesta.
Priscilla, bajo ese cuento del amor romántico, acepta los malos tratos como una parte incuestionable de su rol, siendo tan sumisa como una adolescente de 13 años puede serlo ante su artista favorito que le promete y le jura amor eterno. Él sólo buscaba una especie de muñeca personalizable, sin voz, sin voluntad, sin aspiraciones.

La película la acompaña en ese crecimiento, esa madurez que tarde o temprano llega con la edad, el pasar de no interactuar con otros personajes a tener, poco a poco, una red de amistades. Porque fue justo esa soledad la que la mantuvo dependiente a un hombre que decía amarla con palabras y canciones pero que con sus acciones la lastimaba.
No hay escenas violentas, no son necesarias ya que se intuyen y eso lo hace más doloroso, como a esa amiga que conocemos que está en una mala relación por lo poco que nos enteramos y que no podemos hacer mucho para ayudarla. Hay mucha incertidumbre, injusticia y dolor que hacen sentir al espectador una especie de cómplice silente de aquel aislamiento glamouroso, de capas de rímel que ocultaban las lágrimas de una mujer que finalmente tuvo el valor de irse.
Una hermosa película para recordar que la fortaleza de las mujeres también existe de manera discreta, casi imperceptible pero efectiva y la gran diferencia que los pequeños actos de amor propio marca en nuestra vida. Amarnos a nosotras mismas, elegirnos y cuidarnos es un acto revolucionario.

Pero desafortunadamente Priscilla Presley no es el único ejemplo que podemos encontrar de una mujer que recibió un trato horrible por parte de una figura importante en la música.
En mi siguiente columna hablaré sobre un caso igualmente triste: Paty Boyd, la musa de las canciones más hermosas y legendarias del rock.
Priscilla Priscilla





Responder a Pattie Boyd y el peligro de ser “Las Musas” en el arte – Brujas RiotCancelar respuesta