La frase «No, no estamos llegando tarde, es que las metas se movieron mientras corríamos»

Por Karina Ruíz Vega

Hoy es mi cumpleaños, cumplo 27 años y esto ha traído consigo muchas preguntas, cosas que se suponía debía de tener a estás alturas de la vida y cosas que aún no están presentes; narrativas que se contradicen, porque mientras se escucha, aún eres muy joven hay quienes afirman que la vida de las mujeres es importante hasta antes de los 30; bajo esta lógica a partir de hoy tendría solo 3 años para cumplir con lo que se supone una mujer debe de cumplir; porque ahora más que nunca estoy convencida de que el reloj no es biológico, es político.

Esto me hace recordar a Shakira en su canción “Pies Descalzos” que dice:

Partir de aquí nos permite analizar, como el mandato del cuerpo, la edad y el tiempo recae sobre las mujeres y ha sido socialmente difundido; pienso en series como La Niñera (The Nanny) y Sex And The City, que han tenido un nuevo auge, en estás series la temática principal trata sobre mujeres que han llegado a sus 30 sin marido y eso se convierte en el gran problema a tartar. Sin bien es cierto que estamos ante una generación que ha trabajado en la autonomía de las mujeres y construido la idea de que el matrimonio no es nuestra única finalidad en la vida hay mandatos que traspasan la barrera del tiempo y de los derechos. 

La idea de que “antes de los 30 ya deberías tener todo resuelto” no es natural, es una construcción histórica y patriarcal; que deja de lado nuestro bienestar, nuestro deseo y nos mide en razón de qué tanto funcionamos para el sistema, mide nuestro rol productivo y reproductivo porque el capitalismo nos pide a las mujeres mantenernos en una autovigilancia en la que el tiempo funciona como un dispositivo de control, con discursos como “Apúrate antes de que se te pase el tren, no vayas a ser una quedada”

No es casualidad que ciertos miedos se activen después de los 25, no es que el tiempo se esté agotando es más bien que el tiempo nos carga una edad simbólica de disciplina.

Nos hicieron promesas que no se podían cumplir, nos dijeron, “Si estudias, te portas bien, te esfuerzas y eres buena mujer, la vida te va a premiar.”

Pero esa promesa estaba pensada para ciertas mujeres, mujeres blancas, de clase media alta, con redes familiares sólidas, con capital económico, cultural, simbólico y social. 

Lo cierto es que hoy en día hay una fragilidad enorme en las relaciones y los vínculos, Bauman lo expone en su obra “Amor Líquido” y Karol G invita a cuestionarlo en su canción “Coleccionando Heridas”, sumado a esto enfrentamos crisis propias de nuestra generación, el acceso a vivienda es casi imposible, la estabilidad laboral es precaria, la maternidad implica una carga brutal y solitaria, el “éxito” está cada vez más lejos

No, no estamos llegando tarde, es que las metas se movieron mientras corríamos. 

En medio de todo esto se encuentra también una trampa, una que ha sido de mis favoritas y la que más me ha costado trabajo cuestionar, a la que más le he invertido tiempo y la que más me ha lastimado; la trampa del amor romántico, el amor como salvación. 

Hay una violencia muy específica en la idea de que “Si no tienes pareja a cierta edad, algo está mal contigo.”, porque esta idea a parte de generar que las mujeres permanezcan en relaciones violentas ha permitido que el amor sea un mecanismo de dominación, nos enseñaron que sin pareja somos incompletas y que el valor de una mujer disminuye con el tiempo. 

Por ello, a las mujeres nos enseñan a tener miedo a estar solas y no solo a eso sino también a volvernos desechables, no elegibles, o ser “la que nadie quiso”. Estás ideas desvirtúan el deseo femenino y nos convierten en mercado. 

El mito de “quedarte sola” no habla de soledad, habla de castigo. Cuando una mujer dice “me da miedo quedarme sola”, rara vez está hablando de no tener con quién hablar, no tener afecto, no tener redes. Está hablando de quedar fuera del contrato social.

El castigo no es la soledad en sí, sino, no ser validada públicamente, no ser presentada como “la pareja de alguien”, no ser elegida por un varón como certificado de valor; por eso el miedo se activa incluso cuando se tienen amigas, proyectos, deseos y vida interior, porque el sistema nos dice “Todo eso no cuenta si no hay un hombre que te confirme”; de esta manera se construye la forma más sutil de la violencia, la violencia simbólica, y aunque luchemos contra esta idea, nos susurra sutilmente al oído de vez en cuando. Es importante aprender a ignorar estos susurros porque nos han enseñado que la elección masculina es parte de nuestro capital social. 

Desde pequeñas aprendemos que ser elegidas habla de un éxito y no ser elegidas nos convierte en unas fracasadas, lo cuál convierte al amor heterosexual en una economía que nos dice que hay mujeres cotizadas, sobrantes, urgidas y algunas rescatables, volvemos, no hablamos de deseo, hablamos de mercado. 

Bajo estos discursos el tiempo se vuelve amenaza porque si no te eligen pronto, pierdes valor. Pero ¿Quién decidió que ellos eligen y nosotras esperamos? Esa asimetría no es romántica, es política y entramos en una trampa peligrosa que nos pone a preferir cualquier relación antes que ninguna. 

El miedo a “quedarse sola” ha sido funcional para, mantener mujeres en relaciones mediocres, normalizar el maltrato emocional, justificar la renuncia a proyectos propios, hacer que el amor pese más que la dignidad. No es casual que muchas mujeres vivan sobrecarga, violencia, desgaste, soledad dentro de la pareja; esto es porque la pareja no garantiza compañía. Garantiza control si no es elegida desde el deseo libre.

Las que esperamos no estamos llegando tarde, estamos desobedeciendo. 

Las mujeres que piensan, cuestionan y se salen del molde, llegan a ciertos lugares más tarde, pero llegan con el cuerpo entero, con menos concesiones y sobre todo con más agencia y libertad. 

Los cumpleaños son rituales de evaluación, por esto bajo las reflexiones de mi cumpleaños me he permitido pensar en quienes me han acompañado y cómo vivo el amor y aquí viene lo radical, la amistad entre mujeres. 

La amistad entre mujeres no es un sustituto del amor romántico; es otra forma de amor, históricamente despolitizada para que no la tomemos en serio, pero debemos politizarla ¿por qué? Porque esta no depende del mercado sexual, no caduca con la edad, no se basa en competencias, no exige sacrificar el cuerpo, no te pide reducirte y es un afecto no jerárquico.

El patriarcado necesito romper los lazos entre mujeres, despolitizar la amistad femenina y nuestros afectos, históricamente nos enseñó a competir, desconfiar, compararnos, envidiarnos y juzgarnos ¿por qué? Porque las mujeres juntas se cuidan, se creen, se sostienen, politizan y ayudan a otras a salir de la violencia y la opresión. 

El sistema no nos quiere libres, nos quiere esclavas del amor o del capital. 

La amistad femenina desactiva el aislamiento femenino, que es la herramienta principal del control. La amistad es una infraestructura emocional, es red, es memoria compartida, nuestras amigas son testigos de nuestra historia, son cuerpos que recuerdan quienes somos sin duda. 

La amistad no es un afecto menor que el una pareja, es un afecto más estable, más duradero y muchas veces más honesto.

Cuando el amor romántico deja de ser el centro, el miedo baja, la urgencia se desarma, el deseo se afina, la elección se vuelve libertad. Nos permite elegir desde la abundancia afectiva —y no desde la carencia inducida— esto es una forma de resistencia.

Cumplir 27 con amigas es un gesto político, desde hace años mis cumpleaños se celebran solo con mujeres porque decido rodearme de las que me han visto llorar, las que me han acompañado a cerrar ciclos, me han escuchado sin corregirme, me han celebrado sin competir, me han acuerpado, arropado y apapachado. Las que me han amado como soy sin exigir quién debo de ser. Cumplir años con amigas Es decirle al mundo: “Mi vida no está incompleta.” 

Eso no le gusta al sistema porque demuestra que la amenaza de quedarme sola no funciona. 

La pregunta radica en dejar de decir “¿Y si me quedo sola?” comenzar a decir ¿Y si dejo de vivir con miedo a no ser elegida y empiezo a elegirme yo? En esta elección el apoyo entre mujeres no es secundario es la base, es hogar, es una trinchera amorosa.

Cumplir años no es una cuenta regresiva, es una frontera que nos invita a vivir sin miedo, elegir con más radicalidad, desmontar la idea de que valemos por lo que producimos o reproducimos. No se trata de negar el deseo de pareja, hijos o estabilidad, se trata de preguntarnos ¿Eso lo deseo yo o lo deseo para no ser castigada socialmente?

Si llegas o te acercas a los 30 sin carro, sin casa, sin marido o hijos, no estás rota, no fallaste, no vas tarde. Estáscansada de cargar expectativas que no diseñaste.

En una cultura que nos mide con violencia; resiste a esa violencia, politiza el amor y los afectos porque disfrutar la vida también es político, dejar de medirnos con relojes ajenos es político, vivir es político. 

FELIZ RESISTENCIA. 


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One response to “Cumplir 27 años sin carro, sin casa, sin marido y sin hijos”

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