Caso Manzo: Balística de peritaje independiente desmiente versión de FGE sobre asesinato
El disparo que mató al asesino de Carlos Manzo no provino del arma con la que fue asesinado el alcalde de Uruapan
Benjamín Álvarez
Morelia, Michoacán.– A más de un mes del asesinato de Carlos Alberto Manzo Rodríguez, la investigación de la Fiscalía General del Estado (FGE), fue desmentida por un peritaje balístico independiente que reveló que la bala que privó de la vida al presunto homicida del alcalde de Uruapan, no corresponde al arma utilizada para ultimar al edil
El crimen ocurrió el 1 de noviembre de 2025, en plena celebración pública del Festival de las Velas, cuando Manzo Rodríguez fue atacado a tiros en el centro de Uruapan.
Días después del atentado, las autoridades informaron que el agresor —un adolescente de 17 años—, había sido sometido y abatido presuntamente con la misma pistola que utilizó para disparar contra el edil. Esa versión fue presentada como un cierre casi inmediato del episodio violento.
Sin embargo, el avance de los análisis periciales comenzó a mostrar inconsistencias, ya que la información difundida por la defensa de los escoltas, a través de un dictamen balístico privado que examinó los casquillos asegurados en la escena, detectó una diferencia clave: mientras los proyectiles asociados al asesinato del alcalde corresponden a un arma específica, el casquillo relacionado con el disparo que mató al joven presenta características distintas, incompatibles con esa misma pistola.
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El informe señala que los seis casquillos vinculados al ataque contra Carlos Manzo comparten marcas microscópicas uniformes, propias de una sola arma de fuego.
En contraste, el proyectil hallado en el punto donde murió el presunto agresor corresponde a munición de otra marca y con huellas balísticas diferentes, lo que indicaría que el disparo final fue realizado con un arma distinta, posiblemente perteneciente a uno de los escoltas presentes en el lugar.
Este hallazgo pone en entredicho el eje central de la versión de la FGE, es decir, la idea de que todo el episodio se desarrolló con un solo arma y en el marco de una reacción inmediata para neutralizar al atacante.
Pese a la contundencia técnica del dictamen, la FGE ha reiterado públicamente que mantiene su hipótesis inicial.
El fiscal ha sostenido que, desde la perspectiva ministerial, “fue la misma arma” la utilizada en ambos hechos, aunque ha reconocido que los peritajes independientes forman parte del expediente y que será un juez quien determine su valor probatorio.
No obstante, la discrepancia entre los dictámenes no es un detalle menor, ya que, actualmente, varios servidores públicos enfrentan procesos penales por homicidio calificado en su modalidad de omisión, mientras que el presunto autor intelectual del crimen ya fue detenido y vinculado a proceso.
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El caso Manzo se inserta además en un contexto nacional marcado por la violencia contra autoridades municipales y por una creciente desconfianza ciudadana hacia las investigaciones oficiales en crímenes de alto impacto.
En ese escenario, la balística se convierte en una prueba clave no solo para esclarecer un hecho específico, sino para medir la credibilidad institucional.
Esta situación provoca que se mantengan las sospechas sobre las irregularidades del proceso de investigación de la FGE Michoacán, sobre el asesinato de Carlos Manzo.
Las evidencias técnicas refutan las versiones políticas, y serán las que determinen si el caso se resolverá como un episodio de violencia criminal o como un ejemplo más de justicia comprometida por contradicciones oficiales de las autoridades de Michoacán.





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