Liliana Aguilasocho: “Cuando la ópera se convierte en un espejo para reconocernos” Por Dalia González La ópera tiene fama de ser un arte lejano, solemne, reservado para voces que parecen tocar el cielo. Pero para la cantante, actriz y dramaturga Sinaloense pero radicada en Michoacán, Liliana Aguilasocho, la ópera es justo lo contrario: un territorio…

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Por Dalia González

La ópera tiene fama de ser un arte lejano, solemne, reservado para voces que parecen tocar el cielo. Pero para la cantante, actriz y dramaturga Sinaloense pero radicada en Michoacán, Liliana Aguilasocho, la ópera es justo lo contrario: un territorio profundamente humano, un lugar para mirarnos sin máscaras, para escuchar las historias que se parecen a las nuestras.

Un espacio donde —dice ella— podemos descubrir nuestra identidad y, si es necesario, transformarla.

Liliana Aguilasocho habla desde la experiencia de quien ha pisado Bellas Artes, ha encarnado personajes que sangran, aman y resisten, y que también ha llevado su voz al cine en Give Me Your Home (2021), una película rodada en Erongarícuaro sobre el despojo y la fragilidad de la vida frente a la violencia. Sus pasos siempre la devuelven al mismo lugar: la necesidad de conectar con la gente, con sus dolores y sus preguntas.

Hoy, prepara una adaptación propia de La flauta mágica de Mozart, que se presentará el sábado 13 de diciembre en el Teatro Ocampo, a las 19:00 horas. Es la primera vez que modifica una obra para acercarla a nuevas generaciones.

“Las historias siguen vivas —dice— si nos seguimos viendo en ellas”.

La primera vez que el escenario la nombró

Su formación tuvo un origen inesperado, casi accidental, en el CREFAL, donde los estudiantes eran tratados como actores completos. Allí vivió un momento que la partió en dos:

A un paso del escenario, con el miedo trepándole por la garganta, un compañero debía empujarla para cumplir la escena.

“¿Estás lista?”, le preguntó.

“No”, respondió con una sinceridad de niña. Y aun así salió.

No recuerda lo que ocurrió durante la actuación: la memoria quedó suspendida entre la adrenalina y el temblor. Pero sí recuerda lo que sintió cuando terminó:

“Supe que podía hacer esto toda mi vida. Que esa sensación era mía, que la escena era un lugar donde me encontraba”.

A partir de ahí, su voz fue tomando forma en espacios como Sistema Internacional de Valores de Arte Mexicano  (SIVAM) donde estuvo becado por dos años que le permitieron continuar su formación en Nueva york, así como las artes escénicas en  Universidad Autónoma de México (UNAM)y el su debut en el Palacio de Bellas Artes, fueron claves para la disciplina constante del canto y su fuerza indomable. Pronto llegaron papeles en El viaje a Reims, Ciderio y La traviata, hasta que finalmente protagonizó Sal Si Puedes, de Daniel Catán, en el Palacio de Bellas Artes.

Aunque veía lejos obtener roles protagónicos, un giro marcó la carrera de Liliana Aguilasocho:

Presentó una audición “sin intención de protagonizar”, y fue seleccionada para un papel principal en la ópera “Sal si puedes” de Daniel Catán:

“Yo veía muy lejos ser un rol protagónico… y resulta que me escogieron para un protagónico»

Un estreno siempre tiene algo de bautismo, pero para ella tuvo algo más:

ser la primera voz que daría vida a un personaje que, desde entonces, llevaría su timbre en la memoria de las personas que acudieron a ver la obra.

“Quien escuche esta ópera en el futuro tendrá mi voz como referencia”, dice Liliana Aguilasocho con una mezcla de humildad y asombro.

“En la voz de Liliana Aguilasocho, la relación entre ópera e identidad cultural se vuelve un territorio sensible…”

Muchos de los personajes que ha interpretado han dejado una marca íntima.

Violetta Valéry, la mujer enferma y enamorada de La traviata, le reveló un dolor profundo:

“Ahí comprendí algo del sacrificio y de la soledad de muchas madres solteras. No necesito ser madre para sentir ese hilo que nos une como mujeres”.

La escena, para ella, es un acto de empatía radical. Sus pasos recientes en dos óperas mexicanas estrenadas en Yucatán —centradas en migración y desaparición— la confrontaron con historias que duelen en todo el país.

La ópera, dice, le ha permitido escuchar otras vidas desde dentro.

La ópera como un lugar para volver a ser nosotros

“Somos un país joven”, reflexiona, “y la identidad no es algo fijo.

Se construye, se mueve, se transforma con nuestras costumbres, con nuestras heridas y con nuestras celebraciones”.

En ese camino, la ópera no es solo una forma de arte:

Es un puente.

Un espejo.

Un territorio donde es posible reconocerse.

Aunque a veces se le percibe como un espectáculo costoso o lejano, Aguilasocho insiste en que la ópera sigue hablando de nosotros: de nuestra historia, de nuestras emociones, de la manera en que nos relacionamos y amamos.

“Cuando la gente se da la oportunidad de ir a la ópera, algo se mueve. Algunos lloran, otros se ríen… pero casi siempre se van agradecidos. Descubren que la ópera les habla a ellos”.

México —dice Liliana Aguilasocho— está lleno de óperas que nadie conoce, obras que forman parte de nuestro legado cultural y que hoy pueden ayudarnos a reconstruir la memoria y la identidad que necesitamos.

Porque, al final, la ópera no es un arte lejano: es una forma profunda de escucharnos.


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