Un hombre intentó quemar vivas a pasajeras del Mexibús Rosa de Ecatepec y la autoridad lo juzga por «daños materiales». Analizamos el intento de feminicidio masivo que nadie quiere ver.

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Por Elizabeth Legarreta

Si un hombre entra a un vagón de metro lleno de políticos y le prende fuego, se llamaría «terrorismo» o «magnicidio». Pero cuando un sujeto rocía gasolina y prende fuego a un transporte exclusivo para mujeres en el municipio más peligroso para ser mujer en América Latina, la autoridad decide llamarlo… «daño en los bienes».

Ha pasado más de un mes desde el ataque en Ecatepec y el silencio es ensordecedor. Lo que ocurrió a finales de octubre no fue un acto de vandalismo ni un «loco suelto»; fue un intento de feminicidio múltiple que el Estado está barriendo bajo la alfombra para no manchar sus estadísticas.

La crónica del horror en el Mexibús rosa de Ecatepec (que ya olvidaste)

Para refrescar la memoria selectiva de la sociedad: el pasado 30 de octubre, un sujeto identificado como José Samuel «N» abordó una unidad del Mexibús Línea 1 en la estación Ojo de Agua. No era cualquier unidad; era el servicio rosa, el espacio diseñado para proteger a mujeres, niñas y adolescentes del acoso sistémico.

Según los reportes confirmados por medios como N+ (NMás), el hombre roció combustible y provocó un incendio con las pasajeras a bordo. Solo la reacción rápida del conductor y la gente evitó una tragedia de proporciones inimaginables. No fue un accidente. Hubo dolo, hubo planeación y hubo un objetivo específico: el vagón de las mujeres.

Un camión vale más que tu vida

Aquí es donde la indignación debe convertirse en acción. Tras su detención, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) inició una carpeta de investigación. ¿El delito principal? Daño en los bienes.

Para el sistema judicial, José Samuel «N» es comparable a un grafitero o a alguien que rompió un vidrio. Esta tipificación jurídica es un insulto. Ignora deliberadamente que el fuego es un arma letal y que el ataque se perpetró en un espacio de resguardo. Como bien señalan los protocolos de la Suprema Corte para juzgar con perspectiva de género, las autoridades están obligadas a analizar el contexto de violencia y la situación de vulnerabilidad de las víctimas, algo que aquí se omitió olímpicamente para proteger «la propiedad privada» del concesionario antes que la integridad de las usuarias.

El odio al «Espacio Rosa»

Este ataque no es aislado. Atacar el transporte rosa es atacar el único refugio que tienen miles de mujeres para llegar vivas a casa. La existencia de estos vagones no es un privilegio, es una medida de emergencia ante una crisis de violencia sexual en el transporte público documentada por el propio INEGI en sus encuestas de seguridad.

Prenderle fuego a este espacio es un mensaje de odio puro: «Ni separadas están seguras». Si el sistema judicial permite que este sujeto salga libre bajo fianza o con una pena menor por «vandalismo», estará firmando la sentencia de muerte para la próxima vez que él, u otro imitador, decida que las mujeres no merecen viajar tranquilas.

Prohibido olvidar

Que no haya noticias de esto en los grandes titulares de hoy es síntoma de la normalización de la barbarie. Un hombre intentó calcinar a decenas de mujeres en Ecatepec y el debate público está en otra parte.

No fue daño a la propiedad. Fue odio. Y hasta que se le juzgue por tentativa de feminicidio, ninguna pasajera podrá subir tranquila a ese autobús.


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Una respuesta a «La ley lo llama «daño material»: El feminicidio masivo fallido en Mexibús rosa de Ecatepec del que nadie habla»

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