Claudia Sheinbaum es una de esas figuras (que abundan dentro del feminismo) que, en apariencia, se viste de feminista, pero en el fondo, solo se está encubriendo bajo una fachada liberal y paternalista que no hace nada por el cambio real. Las vallas metálicas que puso alrededor de Palacio Nacional para el próximo 8M 2025,…

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Foto: Antonio Baranda

Claudia Sheinbaum es una de esas figuras (que abundan dentro del feminismo) que, en apariencia, se viste de feminista, pero en el fondo, solo se está encubriendo bajo una fachada liberal y paternalista que no hace nada por el cambio real. Las vallas metálicas que puso alrededor de Palacio Nacional para el próximo 8M 2025, por ejemplo, son una muestra clara de cómo ve a las mujeres que salen a las calles a luchar por sus derechos: como una amenaza. Ella misma lo dijo: si no las pone, las feministas le queman la puerta. ¡Vaya forma de reconocer la lucha feminista!

Pero lo peor no es solo ese acto aislado, sino que es una constante en su gobierno: una aparente defensa de las mujeres, pero una represión brutal cuando se trata de las que realmente levantamos la voz. A mí, como a tantas otras activistas, me ha perseguido, criminalizado, ignorado. Se escuda en discursos vacíos de progreso mientras va estrechando las posibilidades de que las mujeres realmente podamos cambiar el sistema desde el poder.

El feminismo de Sheinbaum está lejos de ser feminismo real; su discurso está lleno de promesas de justicia que nunca se cumplen, de estrategias que son puramente simbólicas. No escuchar a las feministas, ni a las que protestan ni a las que llevamos años trabajando por cambios sustanciales, muestra la verdadera cara de su doble moral. Si Sheinbaum fuera realmente feminista, entendería que el poder no se debe usar para consolidar el patriarcado, sino para cuestionarlo y transformarlo. En lugar de eso, se pone del lado de las instituciones que nos oprimen, usando medidas represivas en lugar de escuchar nuestras demandas.

Lo peor es que su papel como mujer en el poder no significa nada si no es capaz de poner en práctica los principios feministas más básicos. Lo que está haciendo es aplicar políticas que perpetúan las mismas estructuras de poder patriarcales. Es como si fuera una traidora de sus propios ideales, porque solo de esa manera podría ser presidenta en un estado tan profundamente patriarcal como el nuestro.


Como nos dice Marcela Lagarde, el feminismo debe ser una lucha colectiva por la transformación de las estructuras de poder que nos oprimen, y no una estrategia para consolidar esas mismas estructuras. Ella afirma que “el feminismo no es una causa para algunas, es una causa para todas, y debe cuestionar el orden patriarcal que sigue vigente en el corazón de las instituciones de poder” (Lagarde, 2007). Así que, si Sheinbaum se considera feminista, debería empezar por desafiar esas estructuras, no por reforzarlas. Nos sentaremos a esperar.

Si en serio se comprometiera con el feminismo, como debería, empezaría por derribar las estructuras de poder que refuerzan la violencia y la desigualdad. Pero no lo hace. Ella está del lado del poder, del lado que nos oprime. Por eso, no podemos seguir creyendo que tiene la capacidad de representar nuestros intereses, porque lo que realmente está haciendo es perpetuar el sistema. Y si sigue en esa línea, nunca será una presidenta feminista.


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